viernes, 6 de mayo de 2011

Resumen de un artículo de Rafael Gallego

Después de siglos de cruentas luchas interreligiosas, dos milenios de implacable persecución a los disidentes, parece lógico que las creencias religiosas gocen de protección para su libre ejercicio, pero también que la sociedad política goce también de protección frente a ellas, es decir, se prohíba esgrimir argumento teológico alguno en la contienda política.

En España, a pesar del muy reciente régimen nacionalcatolico los gobiernos democráticos han fantaseado con la posibilidad de tratar a la Iglesia Católica con una técnica “intermedia”, la de la domesticación o apaciguamiento. Pero la Iglesia es una bestia milenaria imposible de amansar.

No nos engañemos, cuando los obispos dicen “no pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica”, quieren decir “queremos que gobiernen quienes ya están sometidos a los criterios de la moral católica”. Cuando dicen “[r]espetamos a quienes ven las cosas de otra manera” quieren decir “no tenemos inconveniente en que viváis sometidos a nuestras normas”, etc, etc.

Milenios de destrucción, siglos de oscurantismo y décadas recientes de contubernio con dictaduras en todo el mundo demuestran que la Iglesia no va levantar un dedo si peligra una democracia o los derechos de una minoría son conculcados: simplemente espera agazapada a que lleguen mejores tiempos mientras trabaja sin descanso por perpetuar su ideología de sometimiento e irracionalidad.


Coordinador de Granada laica. En ateos.org

1 comentario:

Lisístrata dijo...

"la Iglesia es una bestia milenaria imposible de amansar." verdad verdadera!