domingo, 7 de febrero de 2016

¿LA MONJAS DE IMPORTACIÓN SON TRABAJADORAS AUTÓNOMAS?


Tomado de elpais.com
España es una reserva mundial de la vida contemplativa. La mitad de las monjas de clausura del mundo residen en nuestros conventos. La Conferencia Episcopal, cuantifica en España la actividad de 865 monasterios y 10.899 monjas y monjes de clausura. No detalla cuántos son extranjeros.

Tampoco ninguna de las 70 diócesis en las que se organiza la iglesia ofrece información al respecto. Hay evidencias de fusiones de conventos en los últimos años. En asuntos terrenales, las monjas de clausura están recogidas en el régimen por cuenta propia de la Seguridad Social, en el capítulo de religiosos, que cuenta con 12.316 afiliados según datos de 2015. Es decir, son autónomas. Fueron incorporadas en un convenio de 1981. En uno posterior, de 1984, se les dotó de derecho a asistencia sanitaria y pensión.

Ese carácter de autónomas es singular, como otros pactados con el Estado: no tienen actividad económica, ni facturan. Es el monasterio quien paga su cotización, aunque disponga de los ingresos comunes. “Es como una comunidad de bienes”, dice un inspector de trabajo: “no tienen salario, ni ingresos”. El inspector reconoce que es un régimen que admite serias dudas. ¿Y las monjas extranjeras? ¿Son autónomas o tienen contrato de trabajo para disponer de un permiso de residencia?.

La religiosa del convento de Santa Paula de Sevilla explica que solo dos de las 24 monjas están en el régimen general de la Seguridad Social y el resto son autónomas, pero no acierta a explicar la diferencia. ¿Es el monasterio quien las contrata? No tiene respuesta. “En todos los conventos hay extranjeras, la mitad en muchos, incluso hay abadesas extranjeras. Y las abadesas tienen una responsabilidad: “Si una monja se quiere marchar, la abadesa es responsable de devolverla a su país y de avisar a la policía de que sus papeles no valen”.

1 comentario:

StM[] dijo...

Anacronismos presentes bajo sayos de soslayo.
Y bajo sus basuras rezan sus contratos que amparándose en la buena fe
recurren a los mismos dioses no caigan enfermas y cedan a la presión misma de
la sociedad que las sustenta.

Una sociedad civil y estructurada con un estado arraigado profesa malestar ante determinadas
aptitudes lúdicas como ésas mujeres de la vida; no así sobre aquellas que la vida guarda bajo
opresivas formas que rozan el sacro lupanar nunca puesto en evidencia y que tras sí se convierte en
cárcel mental y corporal a todas luces.

Nos alejamos del medievo en función de la insubordinación con que cada autónomo acomete la responsabilidad
de buscar extramuros el enfrentamiento con sus propias fobias; eso da lugar a personas responsables y, en cierta manera, libres.
Dentro, en el convento, todo es un enclaustramiento del que rara vez se sale si no se está demasiado habituado

Una pena