lunes, 22 de abril de 2019

ACABEMOS CON LA SEMANA SANTA

Tomado de elconfidencial.com

Si bien es cierto que la Semana Santa siempre ha sido así, una festividad religiosa cuya ubicación en el calendario depende tal cual de los ciclos de la luna, quizá vaya siendo hora de plantearse que tal vez la astrología no sea el mejor criterio para optimizar el rendimiento pedagógico de los estudiantes. No tengo particularmente nada en contra de que se trate una fiesta religiosa, que al fin y al cabo es un criterio tan bueno o malo como cualquier otro (con la Navidad no hay ningún problema), pero sí con que su arbitrariedad sea tan determinante en los usos y costumbres de los españoles.

Porque en eso también somos un poco 'different', y nuestro calendario escolar sigue siendo bastante distinto al del resto de Europa, que cada vez se decanta más por el modelo de los seis períodos de descanso. Es lo que ocurre en Alemania, que cada 'land' decide la duración de las mismas, o Reino Unido, donde las vacaciones llegan con puntualidad inglesa: una semana de descanso cada seis. Pasar 15 semanas –casi cuatro meses– sin un solo día de asueto, como ha ocurrido en España este año, es impensable. Cierto es que en estos países suelen acortar las vacaciones de verano, algo difícilmente implantable en el nuestro debido a ese calor que provoca que a menudo junio sea un mes educativamente achicharrado.

Diversas comunidades han intentado implantarlo así en nuestro país. Cantabria, por ejemplo, eliminó las vacaciones de Semana Santa durante el curso 2017/2018 y la recuperó al siguiente para cuadrar su estructura de calendario escolar de cinco bimestres con descansos. Recientemente, UGT ha propuesto en Castilla y León un modelo con cinco períodos de vacaciones “para evitar la fatiga mental” que contaría con semana de otoño (28 de octubre a 1 de noviembre, aproximadamente), Navidad (23 de diciembre a 7 de enero), Semana Santa/Carnaval (24 a 28 de febrero), Semana Santa (24 de abril a 1 de mayo) y verano en julio y agosto.

Aragón intentó constituir su propio calendario escolar a la europea el pasado año, impulsado por el sindicato CSIF, mayoritario en la mesa sectorial de educación. La propuesta era muy similar a la de Cantabria –un mayor número de descansos pero más repartidos a lo largo del año– pero se encontró con las reservas de los padres que, como recogió el 'Heraldo de Aragón', no tenían clara su utilidad: “Las asociaciones de padres y madres (tanto de la educación pública como de la enseñanza concertada)”, explicaba el medio local, “consideran que podría complicar aún más la ya de por sí compleja conciliación de la vida familiar”. Con la Iglesia –la que realmente manda, la empresarial– hemos topado.

domingo, 21 de abril de 2019

LA HERENCIA RECIBIDA

Tomado de elconfidencial.com

Foto de la celebración de la semana santa en Filipinas...

sábado, 20 de abril de 2019

IGLESIA Y RESTAURACIONES

Tomado de eldiario.es

En el caso de Francia, paradigma del Estado laico, desde 1905, todos los templos son propiedad del Estado, que cede su uso a la Iglesia católica. Y es el Estado quien se hace responsable de la conservación y restauración de su patrimonio, así como de los seguros (Notre–Dame no estaba asegurada) y el personal.

En España, sin embargo, la situación es bien distinta. Aunque oficialmente somos un Estado aconfesional, la influencia y privilegios de la Iglesia católica son innumerables, comenzando por el hecho de que las catedrales y templos son propiedad de la Iglesia, aunque se trate de patrimonio cultural e histórico.

Esto implica que es la Iglesia la que se encarga de cobrar entradas y decidir el uso que se da a dichos templos. De ahí la importancia de que no se sepa cuántos inmuebles han sido registrados a nombre de la Iglesia gracias a la famosa 'Ley Aznar'. En lugares como la mezquita de Córdoba o la catedral de León, por poner dos ejemplos de patrimonio de la humanidad, es el obispo del lugar quien puede decidir quién entra y quién no, qué exposición o concierto puede darse, o si la construcción tiene o no seguro.

El auténtico problema viene al comprobar cómo, aunque la Iglesia es la única que decide sobre los muros de sus templos, quien financia buena parte de su mantenimiento, seguridad y personal son las administraciones públicas. Además, tanto el Estado como las distintas administraciones regionales, provinciales o municipales también financian la conservación de estos templos, con infinidad de convenios que sería imposible relatar en un artículo.

Uno de los ejemplos más claros está en el Plan Nacional de Abadías, Monasterios y Conventos, suscrito en 1997 y que sirve para financiar la conservación, iluminación y restauración de las 95 catedrales españolas, en virtud de una cierta "compensación" a la Iglesia católica tras la desamortización de Mendizábal de 1822 y la "persecución religiosa" durante la II República.

Desde entonces, vía Presupuestos Generales del Estado, se han financiado con al menos 500 millones de euros las restauraciones de centenares de templos en todas las provincias españolas. Primero, a través del desaparecido 1% Cultural del Ministerio de Fomento y, desde 2004, a través del Instituto de Patrimonio Cultural de España. Esta financiación para que la Iglesia mejore sus bienes, muchos de los cuales están abiertos al público y cobran entradas que se quedan los religiosos

jueves, 18 de abril de 2019

miércoles, 17 de abril de 2019

DÍAS DE NECROFILIA

La necrofilia o necrosexualidad es un tipo de parafilia que se caracteriza por un alto nivel de excitación a través de la contemplación, el contacto, la mutilación o la evocación mental de un cadáver.

martes, 16 de abril de 2019

EL DIOS LORO...

Tomado de elpais.com

Mientras escribo esto, una noticia científica ha alcanzado los 923 comentarios. Léela en Materia, se titula "Cómo los hombres llegaron a Dios", y explica una investigación de Oxford que atribuye la deidad a la complejidad social, o al abandono de la tribu en pos de un estilo de vida moderno, basado en la cultura, la agricultura y la división del trabajo: funcionarios, militares, pensadores... y curas. La idea es interesante, porque describe a Dios como una construcción cultural humana, a la altura del alfabeto o el teorema de Pitágoras. La investigación viene a confirmar la ecuación de Voltaire: si Dios no existiera, habría que inventarlo. Y eso es lo que hicimos los humanos.

Los neandertales ya enterraban a sus muertos, y eso suele considerarse una evidencia de que tenían alguna forma de religiosidad, como creer en una vida después de la muerte. Pero el Dios del que habla el estudio de Oxford es mucho, mucho más que todo eso: es el vigía de nuestro comportamiento, el guardián de nuestra moral que, subido a nuestro hombro como un loro, nos recuerda en cada momento lo que debemos hacer y lo que no. Ese Dios personal es el que, según los de Oxford, es un producto de la cultura y la civilización. Y también es el Dios al que descartaba Einstein, que en cambio sí se se divertía jugando con la idea del "Dios de Spinoza", que se revela en la armonía de todo lo que existe. Este Dios de Spinoza y Einstein es, en el fondo, la motivación de todo científico, cuya única fe es que el mundo es comprensible mediante la ciencia y las matemáticas. Si el universo fuera un caos no habría ciencia. Ni científicos. Ni curas.

Pero el Dios que vigila nuestra moral, ese Dios-loro que llevamos en el hombro, hunde sus raíces en lo más profundo de la fisiología de nuestro cerebro. Los científicos cognitivos han hallado evidencias convincentes de que el Dios-loro es nuestra forma automática e innata de pensar. Si un reloj revela la existencia de un relojero, un ser vivo revela la de un creador, o un Creador, siguiendo la parábola decimonónica del reverendo Paley. El joven Darwin, que se licenció en teología en Cambridge, se sabía casi de memoria el libro de Paley, Teología Natural, y se lo llevó en su travesía del H. M. S. Beagle. La obra de referencia de Darwin, El origen de las especies, se puede considerar una refutación punto por punto del libro de Paley y la metáfora del relojero.

Los seres vivos somos en verdad obras de ingeniería, pero el Ingeniero no es más que la evolución, un mecanismo natural poderoso y dedicado a la adaptación al ambiente local. La ciencia no puede demostrar que no hay Dios. Pero sí que no hay un Dios loro. Eso es una construcción cultural, y no está resultando de mucha ayuda en nuestro tiempo.

lunes, 15 de abril de 2019