miércoles, 14 de enero de 2026

SANZ MONTES EL "PROTECTOR"

Tomado de elpais.com

Cuatro asociaciones de víctimas de pederastia en la Iglesia española han pedido al papa León XIV el cese del franciscano Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo por criticar, en una columna de opinión en el diario Abc, el acuerdo entre Estado e Iglesia para el reconocimiento y la reparación de las víctimas de pederastia en el clero español. Lo calificó de “arma de distracción masiva”. Asimismo, Justice Initiative España, la Asociación Nacional Infancia Robada (ANIR), la Asociación de Víctimas de Abusos (AVA) y la Asociación contra los Abusos Sexuales en la Infancia Lulacris han pedido a la orden franciscana su “condena pública” y que tomen “las medidas pertinentes para sancionarle de modo eficaz y adecuado”. Así lo expresan: “Creemos que en ningún caso representa los valores de la Iglesia católica”.

Sanz tildó el acuerdo firmado el pasado jueves por el Gobierno, la Conferencia Episcopal Española (CEE) y la Conferencia Española de Religiosos (Confer) de “arma de distracción masiva”. Según el arzobispo de Oviedo, el acuerdo es sectario porque deja fuera la gran mayoría de los abusos en la sociedad española y acusa al Gobierno de “querer señalar” a unos victimarios concretos, algo que él considera una “fijación” para desviar la atención y crispar el ambiente.

Así lo escribe: “No se trata de una decisión que pone en marcha el Ejecutivo gobernante teniendo en cuenta a todas las víctimas, sino sólo a las que se inscriben en las filas de los clérigos y religiosos católicos. Extraña opción que se focalice solo en la Iglesia los casos de abusos cuando estos representan el 0,2%, quedando casi impune de facto el 99,8% restante”. El Defensor del Pueblo, sin embargo, publicó en octubre de 2023 los resultados de su informe, en el que constataba que un 1,13% de la población residente en España —unas 440.000 personas, según cálculos de este periódico— ha sufrido abusos en el ámbito religioso, según estima una encuesta a gran escala que encargó para incorporar al estudio. Y añade, refiriéndose al “arma de distracción masiva”: “Es un momento en el que necesitan sacar cualquier conejo de su chistera para llamar la atención disuasoriamente, crispando el ambiente con polémicas sensibles que enfrentan dialécticamente a una sociedad saturada de escándalos y procesos judiciales que implican a los imputados y encarcelados conocidos, cuyas siglas políticas y responsabilidades de gobierno no hace falta ni siquiera explicitar”.

El argumento de que los abusos no son algo que pertenece únicamente a la Iglesia es el que han utilizado los obispos hasta la firma del acuerdo para negarse a suscribirlo y a reparar a las víctimas. Las que han pedido el cese de Sanz al Papa aseguran que “no es de recibo tener a alguien de su perfil en un cargo de responsabilidad en la institución”. Recuerdan, además, en su comunicado, que el arzobispo de Oviedo “llegó, dentro de su amplia colección de insultos y faltas continuadas de respeto, a acusar a un grupo de víctimas del Seminario Menor de La Bañeza, León, de ser los causantes de un infarto letal en la persona de un obispo de la Iglesia de España”.

“Me siento indignado con las palabras de este señor, porque por primera vez se consigue dar un paso que incluye la aceptación de la iglesia en la búsqueda de la verdad y la reparación y aparece una voz disidente diciendo que es un acto político e intentando diluirlo en medio de los abusos que hay en la sociedad. Me gustaría preguntarle a Sanz con cuántas víctimas de abusos se ha reunido antes de escribir lo que ha escrito”, lamenta a este periódico Fernando García, víctima de abusos en la Iglesia y uno de los portavoces de ANIR.

En la base de datos de EL PAÍS, la única contabilidad existente en España sobre la pederastia en el clero, Sanz, que fue obispo de Jaca y Huesca entre 2003 y 2009, figura como acusado de encubrir un caso después de que una víctima le entregase una carta contando los abusos que un sacerdote ejerció sobre ella cuando era menor. También le visitó personalmente y no hizo nada. Sanz, con la misiva en la mano, le comentó que no se podía hacer nada. “Me dijo que era mi palabra contra la suya.

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