sábado, 30 de diciembre de 2023

500 AÑOS DE ABUSOS

Tomado de elpais.com
 
Más de 40 años luchando contra los fantasmas, los recuerdos, los traumas y el dolor. Encerrados en sí mismos y pensando que eran los únicos que habían sufrido abusos sexuales por un sacerdote o un religioso. Así define Wilder Flores el camino por el que han transitado las víctimas de pederastia en la Iglesia boliviana. “Teníamos 12, 13, 14 años; despertábamos al mundo de la adolescencia, descubríamos nuestra sexualidad. A esa edad fuimos victimados y no solo por los pederastas compulsivos y violadores seriales, también fuimos víctimas del abuso de su poder, de conciencia y condenados al silencio. No podíamos acudir a nadie”, relata Flores. Condenados a callar, hasta ahora. Nueve meses después de que el escándalo de abusos clericales explotara en Bolivia, Flores han fundado junto a un grupo de afectados la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes, la primera asociación nacional de víctimas de pederastia en el país latinoamericano. Su objetivo es que haya un refugio para estas personas, para que acudan en confianza para contar su historia y sentirse acogidas. “Con ese nombre lucharemos para sanar, para decir basta. Nunca más silencio, nunca más repetición de estos delitos. Buscamos justicia, nuestra lucha es por la seguridad de nuestros niños y niñas”, dice Flores, que ha sido nombrado presidente de la asociación.

Por el momento son 25 los miembros activos los que conforman la organización, pero ya contabilizan que más de medio millar de personas han sufrido abusos en Bolivia en las últimas décadas, unas 200 dentro de la Compañía de Jesús. El escándalo de los abusos en Bolivia estalló en mayo, tras la publicación de un reportaje de investigación de EL PAÍS sobre el diario secreto del sacerdote español Alfonso Pedrajas en el que confesaba haber abusado de 85 menores entre los años 60 y comienzos de los años 2000. El jesuita, fallecido en 2009, relataba que lo contó varias veces a sus superiores y que estos le encubrieron. “No sabíamos que somos muchos, que somos demasiados. Tras revelarse el diario del cura pederasta, fuimos encontrándonos y descubriendo el infierno al cual colectivamente fuimos condenados”, relata Flores. El reportaje causó un terremoto mediático y varios casos hasta ese momento inéditos salieron a la luz. La Fiscalía de Bolivia inició una gran investigación —que aún sigue abierta— y la Conferencia Episcopal Boliviana creó una comisión para recopilar denuncias.

Los integrantes de la asociación aseguran que conocen el poder de la Iglesia, especialmente de los jesuitas, y que tienen constancia de que intentan boicotear todas sus iniciativas para visibilizar el problema. “Sabemos que nos enfrentamos a una organización mundial, con mucho poder económico, que lleva 500 años tapando denuncias. No es el primer escándalo para ellos. Pretenden usar sus protocolos del silencio”, explica Flores. Por eso, añaden, han creado varios canales para que más afectados contacten con ellos y se sumen a la causa. Destapar ese dolor es inevitable y necesario. Debemos salir de la oscuridad a la que nos condenaron cuando éramos niños. Hay muchas heridas que sanar, no fue nuestra culpa, pero ahora es nuestra responsabilidad sanar juntos y gritar al mundo que esto no puede volver a pasar y que los responsables de nuestro holocausto rindan cuentas ante la justicia”, anuncia el presidente de la asociación.

La situación económica del país y la falta de prestaciones oficiales dificulta que la asociación pueda poner en marcha proyectos concretos para informar y ayudar a los afectados de abusos. Razón por la que realizan constantemente campañas de financiación: “Llamamos a todas las instituciones públicas y privadas de Bolivia y del exterior para que se sumen a nuestros objetivos y nos ayuden con el resguardo de nuestros niños, desde lo jurídico y lo psicológico a lo espiritual. No podemos afirmar que ellos son el futuro de nuestra sociedad si no cuidamos su presente”.

Los jesuitas de Bolivia, por otro lado, han dado la espalda a víctimas como las que conforman esta asociación, y que han denunciado ante la Compañía los abusos que sufrieron en las últimas décadas. En el caso del jesuita Pedrajas, por ejemplo, la institución ha cerrado la investigación canónica y les ha negado una reparación. Como respuesta, el pasado octubre una veintena de víctimas denunció a la Compañía por encubrimiento, por proteger a los clérigos pederastas y silenciar a los afectados. Todos los demandantes eran antiguos alumnos de varios colegios de los jesuitas, que padecieron las agresiones entre 1972 y 1996, y que ya habían denunciado independientemente a sus agresores. La denuncia se interpuso contra el actual provincial de la orden en Bolivia, Bernardo Mercado, “en calidad de máxima autoridad” de la institución. Los denunciantes acusan a la Compañía de ser autora “por omisión” de los delitos de violación a menores, ya que durante años tuvo conocimiento de los abusos sexuales que se producían y no hizo nada para frenarlos.

En respuesta, la Compañía publicó un comunicado en el que rechazaba su “responsabilidad” ante los abusos que las víctimas denunciaban y sostenía que con la denuncia lo que se pretendía era atacar a la institución. También afirmaba en el documento que siempre ha demostrado “una política de absoluta transparencia” sobre estos temas y que “su deber institucional está siendo cumplido y garantizado”. No obstante, lo cierto es que los jesuitas recibieron al menos dos denuncias contra dos de sus miembros antes de que EL PAÍS publicara su reportaje, uno de ellos era Pedrajas, y ni abrió una investigación como le obliga el código canónico ni tampoco informó a las autoridades civiles bolivianas. “Sabemos que, de forma individual, muchos presentaron denuncias que nunca prosperaron. Se quedaron en los archivos de los superiores de la Compañía de Jesús. Nunca las elevaron al Ministerio Público. ¡Basta de resolver estos asuntos bajo la mesa!, queremos que se sepa la verdad. ¡No es venganza, es justicia! La institución que protegió a los depredadores sexuales de niños tiene una deuda histórica con nuestra sociedad”, opina Flores.

jueves, 28 de diciembre de 2023

440.000


miércoles, 27 de diciembre de 2023

NO REZAN POR LOS 440.000 ABUSADOS, REZAN "POR LA UNIDAD DE ESPAÑA"

Tomado de aciprensa.com
 
El portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Francisco César García Magán, ha defendido el derecho de los fieles a rezar en la calle en referencia a la convocatoria que desde hace casi 50 días se mantiene para sumarse a un Rosario por la unidad de España.

En una entrevista concedida a la agencia Europa Press “uno no tiene solamente derecho a rezar aquí, en su casa o en la Iglesia, sino, por supuesto, pacíficamente y sin agredir a nadie y sin que nadie te agreda, tiene derecho a rezar también en la plaza pública, con el respeto a las normas administrativas”.

Esta convocatoria tiene lugar en el Santuario de la Inmaculada Concepción de Madrid desde el pasado 12 de noviembre y se suma desde la fe a las protestas ciudadanas contra el Gobierno que se suceden desde el día 3 del mismo mes a las puertas de la sede nacional de Partido socialista Obrero Español (PSOE), a escasos metros del templo.

A finales de noviembre, la Delegación del Gobierno en Madrid trató de impedir la piadosa convocatoria alegando que la comunicación de la concentración no se ajustaba a los criterios de urgencia previstos por la ley.

Pese a ello, la presencia de fieles se ha mantenido de forma ininterrumpida en el lugar. Además, el pasado 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, patrona de España, los rezos de la oración mariana se replicaron en más de 100 localidades. Está previsto que, además del Rezo diario en Madrid, la convocatoria a nivel nacional se replique el primer sábado de mes, a partir del próximo 6 de enero.

Desde que el Gobierno tratara de impedir la celebración del rezo del Rosario, las declaraciones de Mons. García Magán son las primeras que representan un apoyo público a esta expresión de fe popular. Estas consideraciones se suman a la expresión de “respeto” manifestada por el presidente de la CEE, Cardenal Juan José Omella, en una reciente carta enviada al joven José Andrés Calderón, impulsor de las convocatorias.

“Quiero que sepa que respeto las decisiones de las personas y grupos que actúan en conciencia para rezar, reunirse, reflexionar, etc”, expuso el Cardenal Omella en respuesta a una carta dirigida al Purpurado por Calderón a raíz de otras declaraciones previas del Arzobispo de Barcelona referentes al Rosario en las que afirmó:

“Las personas que rezan y que piden, yo qué sé lo que pide cada persona en su conciencia… allá ellos y sus grupos. Nosotros no controlamos las personas y los grupos. Nosotros lo que queremos es siempre trabajar codo a codo, decir lo que hay que decir, y trabajar codo a codo por el bien común, si nos dejan y si cuentan con nosotros. Lo que no vamos a hacer es batallas políticas y batallas de hacer caer gobiernos, no sé si me explico. Nosotros propondremos valores que hay que defender, valores por los que hay que trabajar y luchar y ya está. Eso es lo que tenemos que hacer. Eso es lo propio de un cristiano y lo propio de un ciudadano democrático”.

Juan Andrés Calderón expuso al cardenal que los motivos de estas convocatorias entroncan con las frecuentes expresiones religiosas durante las protestas contra el Gobierno en los primeros días debido a los pactos que algunos obispos habían tildado de “inmorales”.

N.R. hay que ser muy hipócrita para ir a rezar un rosario en una protesta política y hay que ser más hipócrita para minimizar y ridiculizar, negar y cuestionar los abusos que, durante décadas, ha hecho la iglesia católica española

martes, 26 de diciembre de 2023

TIENEN DINERO, PERO NO PARA INDEMNIZAR A LAS VÍCTIMAS...

Tomado de publico.es
 
Los privilegios económicos que disfruta la Iglesia católica resultan esenciales para mantener su estructura interna. Así vuelve a desprenderse de su última memoria y así lo remarcan en Europa Laica, donde cada año someten ese documento de la Conferencia Episcopal Española (CEE) a un riguroso análisis.

Según avanzan desde ese colectivo, las ausencias y olvidos vuelven a reinar en torno a esta institución religiosa. Donde los obispos ven un ejercicio de "transparencia", otros aprecian un intento de camuflar la realidad.

Entre los primeros está Juan José Omella, presidente de la CEE y defensor acérrimo del trato preferencial que la Iglesia católica disfruta en España desde 1979, gracias a los acuerdos entre el Estado español y el Vaticano.

Entre los segundos está el presidente de Europa Laica, Juan José Picó, uno de los primeros no católicos que esta semana repasó el documento eclesiástico de principio a fin. "Cortina de humo", dijo el activista por teléfono tras terminar de leer la memoria de la Conferencia Episcopal de 2022, hecha pública en estos últimos días de 2023.

"Debería ser una memoria justificativa en torno al dinero que recibe la Iglesia a través de la asignación tributaria, pero en lugar de eso se trata de un documento en el que cuenta, por ejemplo, cuántas comuniones hubo el año pasado, lo que busca justificar moralmente ese dinero que reciben", afirmó.

El documento asegura que el año pasado hubo 171.494 comuniones, 159.129 bautizos o 35.253 matrimonios entre hombres y mujeres, los únicos reconocidos en los cánones de la institución católica.

Junto a ello, se habla de dinero: de acuerdo a la liquidación de 2022, la asignación tributaria recibida ascendió a 320.892.666 euros, de los cuales 298.408.165 euros se destinaron a "empleos", lo que incluye más de 24 millones de euros para la seguridad social del clero, otros 2.287.891 euros para los sueldos de los obispos o 244.091.726 euros –el grueso del capítulo– destinados al "sostenimiento" de las diócesis.

En otro apartado se especifica que el "importe de las retribuciones efectivamente satisfechas a los clérigos por el desempeño de su labor ministerial en el ámbito diocesano y parroquial" asciende hasta los 194.695.470 euros.

El informe establece además que la Iglesia cerró el ejercicio con un superávit de 22.484.501 euros, mientras que su "fondo de reserva disponible" se incrementa hasta los 122.064.843 euros.

Tras analizar estas cifras, Picó puso el grito en el cielo. "La pura realidad es que alrededor del 70% de la asignación tributaria es exclusivamente para pagar sueldos y seguridad social de todo el clero y cubrir el funcionamiento interno de la Conferencia Episcopal, una cuestión estrictamente organizativa e interna que no tiene nada de labor pastoral ni social", apreció.

Para el presidente de Europa Laica, el aspecto más grave de todo esto se encuentra en los acuerdos rubricados entre el Estado español y la Santa Sede en 1979. Allí se establecía en materia económica que la Iglesia católica declaraba su "propósito" de "lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades".

"La Conferencia Episcopal lleva casi 45 años olvidando ese compromiso", destaca Picó, quien subraya igualmente que los distintos gobiernos han evitado exigir a los obispos el cumplimiento de este punto. "Esa es la clave de todo esto: la Iglesia se debe autofinanciar", añadió.

domingo, 24 de diciembre de 2023

ESPAÑA EXPORTADOR DE ARMAS Y DE PEDERASTAS

Tomado de elpais.com

Desde que fue abusado, a Fredo Killing le resultó insoportable la idea de asistir al colegio. Empezó a faltar a clases y después se ausentó para siempre. Cuando cursaba quinto de bachillerato, el cura español Jesús Andrés Vela inició el asedio. Primero lo halagó con regalos y luego le ordenaba en papelitos que abandonara la clase y se presentara en su habitación. Si estuviera vivo, Jesús Andrés Vela sería juzgado como lo ordena la ley, pero murió en 2017. Hace 55 años el cura visitaba esporádicamente Santiago de Chile y aprovechaba para abusar de menores de edad. La Compañía de Jesús acaba de comprobar cinco casos de violaciones del sacerdote.

Fredo había tratado de huir de sus recuerdos, pero en cada pisada sobre la tierra volvían a aparecer. Estudiaba en el San Ignacio Alonso Ovalle, un colegio jesuita en Santiago; tenía entre 15 y 16 años de edad. Un día, a mitad de clase, el cura Jesús Andrés Vela le envió un mensaje a Fredo. Quería que fuese a su habitación para, supuestamente, darle orientación espiritual. Se había ganado su confianza: cada vez que el cura volvía de Colombia le llevaba souvenirs y lo invitaba para que ambos, en compañía de otros jóvenes, asistieran a retiros espirituales en fincas cercanas. En una ocasión, el sacerdote le pidió que observara unos grabados puestos sobre el escritorio. De pie, el cura se le aproximó tanto, por detrás, que Fredo se sintió muy incómodo y salió de allí tan pronto como pudo. Acudió a la habitación por segunda vez y, aunque no recuerda las palabras del cura, el abuso que sufrió no sabe de olvidos: Jesús Andrés Vela dejó un libro sobre el escritorio y le pidió a Fredo hojearlo. Se puso detrás de él, sin dejarle posibilidad de zafarse, y comenzó a restregarse contra el cuerpo de Fredo.

—Sentí que el tipo tuvo una erección, era obvio. En un momento, me apretó más fuerte contra el escritorio y tuvo un orgasmo. Quedé espantado —recuerda.

Salió y no volvió nunca más a la habitación de ese hombre, al que consideró “una persona buena” hasta el día del abuso. Estaba confundido, su rendimiento en el colegio comenzó a bajar, mentía para no ir a clases y, en mitad del año escolar, decidió retirarse definitivamente para no regresar ni a ese ni a ningún otro colegio. Solo le faltaba un año para terminar el bachillerato. Sus padres le contrataron profesores particulares para que culminara los estudios y asistió a exámenes libres. Sin embargo, a nadie reveló sus razones ocultas. Habló por primera vez del tema con su hermano después de mucho tiempo.

—Uno siente vergüenza. Uno dice: “¿Cómo pudo pasar esto?”. Me sentí violado, mi confianza en él fue violada —dice por teléfono desde Colorado, Estados Unidos, donde vive actualmente.

Fredo tiene hoy 71 años y no es la única víctima. El primer denunciante dio a conocer su caso a EL PAÍS en junio pasado. En idénticas circunstancias, el mismo cura Jesús Andrés Vela abusó de Felipe Cáceres Pizarro. Nadie había insinuado públicamente siquiera una sospecha en contra del clérigo que falleció a los 93 años en Colombia, donde fue director de la Casa Ignaciana de Juventud en Bogotá y profesor de Teología de la Universidad Javeriana. Gurú en temas pastorales y misioneros de la iglesia, había publicado ocho libros. Nació en 1924 en Salamanca y se estableció en Colombia, aunque antes había estudiado en Brasil. Cuando visitaba Chile, impartía talleres a padres de familia, estudiantes y a otros curas.

Felipe Cáceres había denunciado su abuso en 2019 ante los jesuitas chilenos, pero pasaron años y su causa permaneció engavetada. En 2022 viajó a Colombia para hablar con el provincial de los jesuitas y fue cuando se enteró de que Jesús Andrés Vela ya había muerto.

La investigación por la Compañía de Jesús en Chile se inició el 26 de julio pasado, un mes después de la denuncia de EL PAÍS. Fue encargada a Waldo Bown, abogado penalista contratado por los jesuitas chilenos. Bown recibió la declaración de seis denunciantes hombres, pero determinó la plausibilidad de abuso sexual en cinco casos. Uno de ellos, según el comunicado emitido por los jesuitas, “no pudo ser corroborado por no contar con antecedentes suficientes”. Los hallazgos de la investigación ratifican las acusaciones de violación que se dieron entre 1965 y 1969 denunciadas por este diario el pasado junio con el caso de Felipe Cáceres.

Bown había investigado al sacerdote Renato Poblete, muerto también, y lo encontró culpable de abusar de 22 mujeres, entre las que se encontraban cuatro menores de edad. El cura Poblete era toda una celebridad en Chile: había una estatua de él en un parque fluvial que llevaba su nombre y, en 2009, fue condecorado por la presidenta Michelle Bachelet con el Premio Bicentenario. Tras las denuncias, el Gobierno de Chile retiró el premio, la estatua de bronce, las placas y el nombre del parque. El abogado laico también investigó y halló responsable de abusos sexuales al sacerdote Jaime Guzmán Astaburuaga, quien fue expulsado de la congregación.

El resultado de la investigación por el caso de Jesús Andrés Vela fue enviado a la Provincia de Colombia, donde también debería ser investigado. “Nos causa profundo dolor la ocurrencia de hechos como estos, más aún cuando han ocurrido al interior de nuestras instituciones. Manifestamos nuestro pesar y condenamos cualquier tipo de abuso”, se lee en el comunicado de los jesuitas chilenos.

Hasta el momento, la Compañía de Jesús de Chile no ha pagado a las víctimas ninguna indemnización, solo les ha ofrecido “terapias psicológicas” gratuitas por un periodo de dos años. Para Cáceres es satisfactorio que hayan encontrado más casos. “Yo tenía la sospecha de que no era el único, pero era más de lo que yo pensaba”, dice Felipe, quien recalca que hay otras víctimas que no quisieron declarar.

Cuando ocurrieron los hechos, las víctimas tenían entre 13 y 15 años. Hoy, son hombres entre los 68 y 72. Fredo Killing dice que nunca olvidará ese agrio momento hasta el día que se muera. “Para mí lo importante es que se sepa la verdad, que ese sacerdote no aparezca como una eminencia, como un santo, porque no lo es. Es un pedófilo”, sentencia.

sábado, 23 de diciembre de 2023

DESTRUCCIÓN DE PRUEBAS DE ABUSOS POR LA CEE

 

Tomado de infolibre.es

Veintidós meses después del inicio de los trabajos, la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha hecho pública este jueves la auditoría que encargó a Cremades & Calvo Sotelo sobre los abusos sexuales contra menores en el seno de la Iglesia. El estudio contabiliza un total de 1.383 denuncias. Y sitúa la cifra de víctimas en "un mínimo" de 2.056 en las últimas siete décadas. Pero no solo eso. También habla de destrucción de expedientes, de falta de control, de encubrimiento. Cerca de un millar de páginas en las que se propone la creación de una comisión independiente para establecer las reparaciones a las víctimas y la puesta en marcha de un fondo por parte de la Iglesia para hacer frente a las mismas. Un mecanismo que, dice, no debería nutrirse ni con aportaciones de fieles ni a través de las donaciones que la institución recibe por el IRPF.

El órgano de gobierno de los obispos encargó este trabajo a comienzos de 2022. El plan inicial era que estuviera listo en un año. Sin embargo, se fue alargando. Desde Cremades & Calvo Sotelo se achacaron los últimos retrasos a la falta de respuesta del Vaticano en relación a unos tres centenares de casos denunciados ante el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Una demora que no gustó nada en la Conferencia Episcopal Española, que llegó a dar un ultimátum al bufete. Al final, el despacho envió el pasado viernes el documento definitivo a los obispos. Y este martes se hizo la entrega pública.

El resultado de la auditoría [se puede consultar aquí] es contundente. "Hay una conclusión clara del análisis de las denuncias: la dimensión del fenómeno. No se trata de casos aislados, de unas 'pocas manzanas podridas'. Si un solo abuso ya era demasiado, el análisis nos habla de miles de abusos. No sabemos, ni creemos que pueda nunca saberse, si se trata de unos pocos miles o de muchos miles. Pero, sin duda, son varios miles", recoge el informe. Cremades & Calvo Sotelo rechaza hablar de "violaciones sistémicas": "La abrumadora mayoría de los miembros de la Iglesia mantienen una actitud de cumplimiento de sus fines". Ahora bien, destaca que "la pasividad ante las víctimas" pone en evidencia "graves defectos estructurales que atrofian la propuesta evangélica".

El informe reconoce como "positiva" la "actitud y cooperación" de los obispos y responsables de instituciones de vida consagrada, quienes mostraron todos aquellos archivos de los que disponían. Ahora bien, el bufete destaca que en los mismos "no hay mucha información". "Un número indeterminado de expedientes han sido destruidos, de conformidad con la normativa canónica, tras el fallecimiento del acusado", continúa el documento. El despacho de abogados destaca que en la institución no se tenía constancia de muchos casos conocidos por fuentes externas a la Iglesia, ni siquiera aquellos en los que los denunciantes lo pusieron en conocimiento de los responsables de las diócesis o la orden religiosa.

"De esta realidad es fácil deducir que muy posiblemente se actuó, cuando se hizo, de forma verbal, sin abrir ningún tipo de expediente. Si a ello se le añade la competencia discrecional del Obispo para decidir si tiene o no verosimilitud una denuncia, puede también deducirse que, en muchas ocasiones, las denuncias, bien fueron consideradas no verosímiles o bien, simplemente, se decidió encubrir u ocultar la situación. No decimos que así fuera necesariamente, pero el hecho de que no conste ningún registro facilita esa interpretación y ha sido, sin duda, un grave error por parte de la autoridad eclesiástica no dejar constancia escrita de la denuncia y de la decisión adoptada", completa Cremades & Calvo Sotelo.

Sobre los archivos habló también el Defensor del Pueblo en su amplia investigación sobre los abusos en el seno de la Iglesia. "La constancia de información en los archivos diocesanos, incluso en los expedientes personales de los clérigos, sobre abusos o sospecha de abusos sexuales ha resultado ser excepcional y casi inexistente, incluso en casos de agresores señalados por varias víctimas. De las respuestas de las diócesis debe deducirse que no ha sido práctica habitual guardar esta información. El archivo de la información sobre abusos ha sido algo dependiente de las decisiones de cada obispo, de su interés en que se guardaran datos y de la gravedad percibida del caso", apuntaba el organismo presidido por Ángel Gabilondo en su extenso informe.

Esta es "una de las muchas causas" por las que, señala Cremades & Calvo Sotelo, no es posible conocer un número exacto de casos. Tras meses de investigación, el despacho de abogados ha puesto una cifra sobre la mesa: 1.383 denuncias de abusos sexuales. De ellas, 619 se corresponden con congregaciones y órdenes religiosas, 322 proceden de las diócesis y una veintena en el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. El resto se han extraído del Defensor del Pueblo, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y del canal de denuncia abierto por el despacho de abogados tras recibir el encargo de la Conferencia Episcopal Española.

La auditoría tampoco ofrece una cantidad cerrada de víctimas durante las últimas siete décadas. Habla, como mínimo, de 2.056, aunque señala que "es objetivamente evidente que el número es superior". De hecho, el documento resalta que a todas esas habría que sumar "aquellas pertenecientes a grupos que no han podido denunciar". También "indeterminada" es la cifra de victimarios. En este sentido, además, el estudio señala que aunque como tal deben considerarse a los abusadores, no debe perderse de vista la "eventual responsabilidad" de quienes los "han ocultado" o "encubierto", incluso, "forzando a la víctima a silenciar su denuncia". "Ni la Iglesia ni ninguna institución puede argumentar hoy en día que desconoce la magnitud de la tragedia", apunta el informe.

Estas cifras contrastan con las que la propia Iglesia ha aportado este mismo jueves en la última versión de su informe Para dar luz, que ha difundido a bombo y platillo a través de los canales oficiales mientras la auditoría de Cremades & Calvo Sotelo quedaba en un segundo plano. En este estudio, la Conferencia Episcopal Española sitúa la cifra global de casos de abusos registrados en 806, de los cuales asegura que solo 205, un cuarto, están "probados", bien por haber sido así declarado en virtud de resolución dictada en el seno de una investigación canónica o en "sentencia judicial recaída" en un proceso penal. Una distinción que, sin embargo, la Iglesia no había llevado a cabo en la última edición publicada de este mismo estudio.

Desde ámbitos eclesiásticos se ha puesto en cuestión en los últimos meses la calidad del trabajo llevado a cabo por el despacho de abogados. Algo que también ha hecho la Conferencia Episcopal Española en este último informe. "[La auditoría] realiza básicamente una recopilación de casos aparecidos en estudios previos, sin realizar un estudio en profundidad de los mismos y comete errores de concepto como el de considerar como denuncias distintas las realizadas en las diócesis y las del Dicasterio que tienen su origen en las anteriores", señalan los obispos en su propio estudio, en el que realizan un breve resumen de las principales conclusiones extraídas de la investigación llevada a cabo por Cremades & Calvo Sotelo.

Pero la auditoría del bufete va mucho más allá de la decena de páginas que le dedica el informe Para dar luz de la Conferencia Episcopal Española. A lo largo de un millar de folios, el despacho de abogados ahonda en cuestiones como la experiencia comparada –aborda cómo se han enfrentado a este tipo de abusos en más de una veintena de países–, el impacto que estas agresiones han tenido en las víctimas –la mayor parte de ellas hombres– o los factores que han propiciado estas agresiones, que se han producido en la mayor parte de casos en "colegios e internados" y por parte de sacerdotes u otros religiosos. Abusos que se han cometido en todo el territorio nacional, aunque siendo "especialmente llamativos" los casos atribuidos a Madrid, Barcelona y Navarra.

viernes, 22 de diciembre de 2023

ABUSOS, INFORME CREMADES Y CEE

Tomado de religiondigital.org

“El Informe-Auditoría realiza básicamente una recopilación de casos aparecidos en estudios previos, sin realizar un estudio en profundidad de los mismos y comete errores de concepto como el de considerar como denuncias distintas las realizadas en las diócesis y las del Dicasterio que tienen su origen en las anteriores”. La Conferencia Episcopal, que ha gastado más de 1,3 millones de euros en un informe sobre abusos en la Iglesia encargado al bufete Cremades&Calvo Sotelo, considera ahora que dicho trabajo no es profesional y, de hecho (y frente a lo que se había anunciado), ha optado por no presentarlo en su integridad. Al menos, por el momento.

¿Qué han hecho los obispos? En realidad incorporar lo que han recibido del bufete para actualizar su propio informe que han titulado Para Dar Luz, en el que incorporan los datos y recomendaciones tanto de la auditoría como del Defensor del Pueblo, en un complejo informe de 1.031 páginas, que se han limitado a colgar en la web de la Conferencia Episcopal, sin mucha más explicación.

Aun así, a partir de la página 136, se pueden extraer algunas conclusiones del trabajo llevado a cabo por Cremades y, especialmente, de sus conclusiones. La más destacada, la de establecer “un fondo creado por la Conferencia Episcopal Española y la Conferencia Española de Religiosos para la reparación, dotado inicialmente con 50 millones de euros”, con un baremo para las indemnizaciones, de entre 6.000 y cien mil euros“.

Los obispos critican que Cremades haya presentado “de manera desagregada” el número de víctimas, que en el caso de las congregaciones religiosas asciende a 576, 43 más que las detectadas por las propias órdenes. En cuanto a las diócesis, el número total de denuncias asciende a 322. Otras instituciones, como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo, habrían recibido 10 denuncias cada una.

Así, “el número total de denuncias recibidas de las instituciones de la Iglesia según el informe, sin incluir las propias del canal de denuncias ni las comunicadas por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ni del defensor del Pueblo asciende a 961 denuncias”, a las que habría que añadir 118 “comunicadas exclusivamente al Defensor del Pueblo”; otras 305 provenientes del dicasterio vaticano de Doctrina de la Fe; 55 denuncias extraídas del canal de denuncias del propio bufete, que se reducen a diez nuevas, para concluir “un total de 1.383 denuncias, con un número de víctimas indeterminado”. La CEE reduce la cifra a 1.302.

“En conclusión, de las denuncias se deducen un mínimo de 2.056 víctimas, aunque es objetivamente evidente que el número es superior”, apunta Cremades, que habla de un perfil de víctimas “mayoritariamente masculino”. ¿Dónde se producen los abusos? “El lugar de los hechos más repetido son los colegios y seminarios menores y mayores”.

¿Quiénes son los abusadores? “El perfil de la persona victimaria es mayoritariamente sacerdote/religioso/a, profesor/a responsable académico del menor siendo el porcentaje aproximado en el 99% de los casos”, aunque “también encontramos casos de celadores, responsables de administración, actividades extraescolares, catequistas”.

¿Qué abusos se dan? “El tipo de abuso cometido es mayoritariamente ”abuso“ (señalan los responsables que la gravedad de los hechos impide a las víctimas relatar lo acaecido resaltando que el término ”abusos o tocamientos“ abarca una realidad muy heterogénea)”, aunque se refieren también “felaciones, violaciones, introducción de pene u objetos en órganos genitales o boca, tocamientos en genitales, tocamientos en culo, pechos, cuerpo, tocamiento libidinoso, besos no consentidos, abrazos libidinosos, lametones en cuello y cara, contacto físico no consentido, desnudos no consentidos”.

¿Cuándo se produjeron? “Las fechas de comisión de los hechos de los que hemos tenido notica abarcan desde el año 1905 a la actualidad”.

En cuanto a las consecuencias, el Informe-Auditoría señala que “ni la Iglesia ni ninguna institución puede argumentar hoy en día que desconoce la magnitud de la tragedia” y exige “la reparación integral a las víctimas”, lo que implica, según las recomendaciones del bufete, “reconocer el daño producido y honrar el dolor de las personas que han sido víctimas de cualquier forma de violencia en el seno de la Iglesia, tanto niños, niñas y adolescentes como personas adultas, pidiendo perdón públicamente no sólo por el daño sino por el silencio permitido”.

También incluyen en la reparación “tomar las medidas de prevención necesarias para tratar de que no vuelva a suceder” y “brindar las personas que fueron víctimas recursos de calidad para la reparación de su daño”, lo que incluye “diversos tipos de recursos, incluidos recursos psicoterapéuticos de calidad, asesoramiento legal e indemnización económica”.

“El trauma no se olvida, pero se puede integrar y recuperar la posibilidad de un desarrollo pleno. Es un proceso lento y no es un proceso lineal, pero con el acompañamiento necesario, la sanación es una realidad innegable”, señalan desde el bufete de abogados.

Para la realización de esta reparación integral se plantea “el establecimiento de una Comisión Independiente, que no debe excluir la exigencia de una responsabilidad penal de la persona victimaria, donde la reparación sea acordada con la víctima”. Junto a ello, “cuando la víctima así lo desee, el procedimiento de determinación de la reparación debida debe ser solemne y, en ningún caso, debe implicar exención de responsabilidad penal de la persona victimaria”.

Dicha comisión de reparaciones obligaría a que la participación de las víctimas “se haga siempre por personal experto especializado y con formación específica en materia de violencia contra los niños y, en particular, en abuso sexual”, y se exige a la Iglesia “responsabilidad; transparencia; rendición de cuentas; no maleficencia; legalidad; justicia; autonomía; beneficiencia; y confidencialidad”.

¿Quién pagará? Aquí, el informe es rotundo. “La CEE debe asumir la responsabilidad de crear la Comisión de Seguimiento y Evaluación de las recomendaciones recogidas en este informe. Esa Comisión debe estar compuesta de forma multidisciplinar y debe incluir personas situadas en la intervención directa. Y debe comprometerse a garantizar la transparencia y rendición de cuentas del proceso elaborando un Plan de Prevención”.