sábado, 5 de febrero de 2022

IR DE VÍCTIMAS Y A LA DEFENSIVA

Tomado de infovaticana.com
 
El nuevo obispo de Orihuela-Alicante ―tomará posesión el 12 de febrero―. José Ignacio Munilla, ha publicado en sus redes sociales una gráfica que no es nueva, pero que ha tenido muy buena acogida; en los últimos días la he visto circulando por las redes sociales, siendo utilizada como argumento para ‘quitar hierro’ a la magnitud de los abusos sexuales a menores por parte de clérigos; o, por lo menos, para decir que ‘los otros más’.

No estoy diciendo que quienes la sacan a relucir nieguen la gravedad de los hechos de los abusos sexuales en el seno de la Iglesia, que quede claro, sino que lo hacen para mostrar que es un problema de la sociedad entera; que los datos que aparecen en la citada gráfica mostrarían que, los sacerdotes abusadores, representarían un porcentaje irrisorio dentro de todos los casos producidos.

Se trata de los resultados de un estudio de la Fundación ANAR sobre abusos sexuales a menores en España, en una muestra que abarca desde 2008 hasta 2019. Aparecen en un gráfico diferentes colectivos y el porcentaje que representan en los abusos cometidos a menores durante esa etapa; una flecha señala, en el último lugar, a los sacerdotes, que representan el 0,2% de los agresores.

Pero intentar restar peso a la magnitud de los abusos del clero con este gráfico es, cuánto menos, absurdo. Junto a los sacerdotes, aparecen en el estudio los padres, los compañeros, amigos, tíos, abuelos, primos, vecinos, monitores, profesores… etc, teniendo todos ellos mayores porcentajes de agresores en la muestra: lógico, ¿cuántos sacerdotes hay en España y cuántos padres, compañeros, amigos, tíos, abuelos, primos, vecinos, monitores o profesores?

Que en el 23,3% de los casos de abusos los agresores sean los padres, es tristemente esperable: todos los menores de España tienen uno y, una mayoría, conviven con él. Prácticamente lo mismo se puede decir de los compañeros o los amigos; de los tíos, de los abuelos o los primos.

Cojamos el caso de los profesores, que la grafica indica que suponen el 3,7% de los agresores a menores. En España hay unos 750.000 profesores. Como entendemos que se refieren a profesores del sexo masculino, y en nuestro país éstos representan, más o menos, el 33% del profesorado no universitario, estaríamos hablando de unos 250.000 profesores hombres; obviemos que algunos son clérigos, por cierto.

Según los datos de la Conferencia Episcopal Española en España hay 16.960 sacerdotes y 8.963 religiosos; vamos a suponer que de esos religiosos 8.000 son sacerdotes: eso arrojaría una cifra de unos 24.000 sacerdotes en total.

La muestra del estudio se basa en los 6.183 casos que atendieron en el intervalo de 11 años que hemos señalado anteriormente. Por tanto, 228, 7 agresores habrían sido profesores y 12,36 sacerdotes; es decir, el 0,09% de los profesores serían potenciales agresores de menores, por el 0,05% de los sacerdotes. No es para tirar cohetes. Y no quiero imaginar lo que pasaría si lo comparáramos con los padres.

Al margen de esto, creo que es hora de dejar de hacerse las víctimas y estar a la defensiva, creo que esa actitud ya debería estar superada después de la explosión producida con este tema en Estados Unidos en 2002, los Legionarios de Cristo en 2010, McCarrick en 2018… Pensaba que ya habíamos aprendido la lección.

El «y tú más» que, además en ese gráfico es dudoso cuánto menos, deberíamos guardárnoslo. Otra cosa es la legítima preocupación de que se proteja a los menores en todos los sectores de la sociedad y no sólo en la Iglesia. Que el porcentaje de los agresores en el profesorado masculino suponga un 0,04% más que en el clero nos debería dar igual, no quita nuestra culpa.

Se han metido mucho con el cardenal Blázquez por acoger positivamente el hecho de que la fiscalía haya entrado a investigar los abusos en la Iglesia. Puede que lo hagan por intereses ideológicos y no por responder a los anhelos de las víctimas, ¿y?, ¿vamos a quejarnos por eso?

Es un hecho que dentro de la Iglesia se han cometido barbadidades, es evidente. Que en la sociedad se ha hecho igual o peor ¿y a nosotros qué? Que no nos importe que la verdad salga a la luz; que se levante la alfombra, por pequeña que sea, o no, pero no caigamos en el «tu más». Sobre todo porque, los que en la Iglesia han cometido semejantes atrocidades, creen en un Dios que nos dijo que el que escandalizara a uno de sus pequeños más le valdría atarse una rueda de molino al cuello y arrojarse al mar.

No sé cómo lo afrontará el resto de la sociedad, pero nosotros nos lo deberíamos tomar muy en serio. Que seamos el 0,2% de los agresores -no se olvide el porcentaje de la cantidad de sacerdotes- me la suda, hablando mal y pronto. No vayamos de víctimas y a la defensiva; las víctimas, son otras. Qué investiguen lo que quieran; y que pague quien tenga que pagar.

1 comentario:

Juan Moreu dijo...

El puto Munilla siempre manipulando la realidad. Bastaría con que salieran a la luz TODOS, pero TODOS, los casos de abusos en el seno de la iglesia para que nos diéramos cuenta de que son el núcleo abusivo más grande de este país, como lo ha sido en Francia, Irlanda, y tantos y tantos países... Así que al puto Munilla sólo me queda desearle que abusen de él para ver si así se cae del caballo... Puto Munilla, cuánto me alegra que te hayan echado de Donosti... Dedícate al turrón y a los dátiles, y aléjate de los niños alicantinos...